Valorando Con Amor
Compartiendo unos lindos momentos de descanso con unos amigos, surgió esta linda historia que luego complemente para sacarle un mayor provecho y dejarla correr como el agua para que cada quien tome la que necesita.
Se dice que en algún país del oriente en donde era costumbre el trueque y parte del intercambio era todo lo que se consideraba de propiedad, por lo tanto un padre que tenia tres hijas las saco un día domingo a la plaza central con el fin de venderlas para lograr el sostenimiento del resto de familia, y el precio era así: por la mayor que era muy linda y experimentada en los oficios de la casa pedía 10 toros o bueyes, por la menor que era muy tierna en sus 19 años pedía siete toros y por la de la mitad que contaba con 22 años, pero que no tenia ni estilo, ni cuerpo, además de flaca sin talento alguno y un poquito feita pedía tres toros. Un hombre de campo pasaba montado en su linda yegua de gran paso y viendo las ofertas de aquel día, le planteo al padre darle la yegua por la feita a lo que el padre después de observar el animal miro fijamente a los ojos al hombre y le dijo, “yo soy hombre de palabra y lo que hoy se haga así se queda” por lo cual se hizo el intercambio, lo que al padre le parecía increíble ya que aquel era un animal de paso y bueno salio primero de la mas feita, y de quien creía que seria con la que regresaría a casa pasada la tarde.
El hombre del campo tomo a su nueva adquisición quien tenia una mirada triste y de expectativa por su futuro y se fueron a la tienda, allí hizo las compras y cargo sobre sus lomos y los de la joven todo lo que les fue posible ya que no muy de continuo salía a la ciudad y caminaron muy de madrugada una larga jornada hablando y enterándose de la vida de fracasos de aquella joven, solo de ves en cuando en los descansos del caminar le decía el hombre a la feita “todo en la vida cambia” al llegar a la propiedad que era una hermosa finca llena de árboles, lindos animales una hermosa casa, le dijo a la joven que ella seria su esposa y no su criada, pues él contaba con una buena servidumbre, y ella podía disfrutar del amor que su padre no le había dado, ordeno que se le alimentara adecuadamente y le facilitaba libros entre ellos uno de salmos, además de consejos con respecto a la vida, de la importancia de amarse a si mismo y aceptarse tal como es, ya que somos producto de la creación de Dios y El Creador no hace cosas feas ni flacas, sino que por el contrario somos muy especiales para El.
Pasado un año el hombre regreso a la ciudad con la que ahora era su esposa, mujer valorada, de caminado elegante y parada fina, con mirada de posibilidad y esperanza, su cuerpo hacia conjunto con su lindo vestido y era casi imposible que el transeúnte no desviara su mirada.
Sorprendido su ahora suegro por el cambio impactante de su hija, pregunto al hombre de campo ¿que había pasado? Y el ahora su yerno le contesto si se acordaba de la yegua a lo cual le respondió que desde luego, pues bien esa yegua la encontré flaca acabada y llena de llagas, la sane, la bañe, la alimente, la enseñe a tener paso lo cual la valoro tanto que me sirvió para tener el mas lindo regalo que es mi esposa y yo pensé cuando usted la tenia para el trueque, si esto lo pude hacer con un animal cuanto mas podré hacer con un ser humano y parte de la creación de Dios, solo es cuestión de valorarnos, tener un alto concepto de nosotros mismos y regresaremos a ser lo que en un principio fue la voluntad divina y no lo que el hombre maltrato y frustro y finalmente acordémonos que somos imagen y semejanza de Dios.
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