El Poder y El Exito

Un buen abuelo contemplaba el cielo, como algún día lo hizo el Rey David y exclamo “cuando veo tus cielos, obra de tus dedos. La luna y las estrellas que tú formaste, digo ¿que es el hombre, para que tengas de él memoria? Pero su nieto de 12 años que le acompañaba le interrumpió la meditación haciéndole preguntas con respecto a la vida, el poder, el éxito y finalmente Dios.
El abuelo propuso a su nieto tomar una vasija, la mas grande que cada uno pudiera cargar, ir a la playa, tomar cada uno dos acantarados de agua y vaciarla en la tierra seca, los padres del joven que estaban muy cerca, se inquietaron por las peripecias de abuelo y nieto, a lo cual fueron invitados a tomar cantaros, sacar agua del mar y vaciarla en tierra seca, no entendían, pero se emocionaron tanto en hacerlo, que también emocionaron a los vecinos, que en una buena cantidad junto con el abuelo, nieto y familia sacaban cantarados de agua para llevarla y vaciarla en tierra seca.
Pregunto entonces el abuelo al nieto ¿no has notado algo? Y respondió el joven ¿Qué? Bueno replico el abuelo, mira que tanta cantidad de agua le hemos sacado al mar y muchos se nos han unido y el mar no ha perdido su nivel.
Pues bien, Dios es como el mar podemos sacar de El, todo lo que este al alcance de nuestra capacidad de creer y El es inagotable en su poder para darnos lo que cada uno creemos que nos merecemos, todo depende de cual es tan grande es la imagen que usted tiene de Dios y que tanto usted se cree merecedor de sacar lo mas posible a un Dios que no escatimo la vida de su único Hijo Jesús para que nosotros no solo alcanzáramos la vida eterna, sino para que hiciéramos parte de su reino.
¿Abuelo y que tanto nos merecemos? Todo, ¡todo! Si pues el éxito en la vida esta en liberar el poder que hay en nosotros producto de la presencia del Espíritu Santo con que fuimos sellados cuando invitamos a Jesús a ser parte y control de nuestra vida.
Un hombre sin Dios es un ser humano que depende de la buena suerte, un hombre con Dios es un heredero no solo de la vida eterna, sino con derechos para disfrutar de lo mejor de la tierra, porque “ciertamente que el bien y la misericordia le seguirán todos los días de su vida”.

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